Hay resquicios como encendidos rescoldos y rescoldos que son presencias sinuosas que cotidianamente nos habitan.
Viven en nosotros alimentándose de sí mismos, de lo que fuimos, de lo que alguna vez volveremos a ser, bueno o malo.
Sólo somos sus impávidos anfitriones, incubadoras, matrices donde a veces van creciendo y cuando en los resquicios los rescoldos se inflaman, se ponen al vivo rojo,
en los rescoldos los resquicios se destemplan, se exacerban, pueden salirse de madre.
Entonces hacemos cosas inauditas, acaso terrible: y nadie nos conoce ya, ni nosotros mismos nos reconocemos. Porque una sola masa informe, magma atroz, puro caos, nos desquicia. Porque ahora es antes y antes después y siempre, y todo terriblemente diferente, porque todo es turbio en su inexorable lógica expedita, porque nada entendemos ya o tal vez demasiado, y siempre, siempre hay consecuencias…