Sonrisa

Sonrisa

A Tatiana, mi primera hija

El día es gris y están frías mis manos cuando a través de la ventana veo agitarse los rosales en el jardín azotado por el viento. Empieza a llover como un lento aprendizaje de la naturaleza hasta que la oscuridad que ha ido creciendo entra en mi ánimo. Oigo un suspiro leve a mis espaldas y me doy vuelta buscando recuperar el tiempo de la alegría en el espacio exacto que ocupa el pequeño bulto animado sobre el tapete. En su rostro pálido me veo repetido y pienso que esa sonrisa suya inocente es capaz de mover el mundo en que me muevo iluminándolo hasta cortarle las alas a la tristeza y restaurar mil veces el genuino rostro de la paz.