Pero llegó el silencio. Y el otoño era una muerte horizontal y sola; los árboles talados, las umbrías enmohecidas de olvidos y de hojas.
Atardecer. Puñales del ocaso. Heridas en el sol y carne roja. Un desfile de brujas van cantando entre dientes, montadas en escobas.
¿A dónde está el amor? ¿En dónde viven las alboradas tibias, las alondras que conocen el ritmo de la sangre definitiva de las amapolas?
¿Qué corazón soporta esta tristeza cautiva en lo profundo de la boca? ¿A dónde está el amor? ¿Qué viento fuerte pulió mi negación rotunda y sobria?
Preguntas y preguntas y silencio y silencio y silencio, hora tras hora. Ojos abiertos y cerrados. Ojos que nada ven y nada esperan. Sombras.
De “Odas numerales” 1972