No es que yo crea que el pueblo me erigió esta estatua porque yo sé mejor que vosotros que la ordené yo mismo. Ni tampoco que pretenda pasar con ella a la posteridad porque yo sé que el pueblo la derribará un día. Ni que haya querido erigirme a mí mismo en vida el monumento que muerto no me erigiréis vosotros: sino que erigí esta estatua porque sé que la odiáis.