Apóstrofe

Apóstrofe

No soy más que una llama, un grito, y fuego y sed. Por las angostas hondonadas de mi corazón se lanza el tiempo como agua oscura, raudo, violento, inadvertido, y arde en mi cuerpo un signo: la caducidad.

Pero tú eres el redondo espejo por el que resbalan los crecidos arroyos de la vida tras cuyo fondo áureo y abundante las cosas que murieron radiantes resucitan.

En mí arde y se extingue lo mejor. Una estrella alocada que cae en un abismo de azules noches de verano, pero la imagen de tus días está en alto y distante, señal eterna, situada como protección alrededor de tu destino. Versión de Ernst Edmund Keil “Tres poetas expresionistas alemanes” Ediciones Hiperión 1998