Labor atenta de hilo solo -sigues tejiendo tu tapiz indócil-
ése que no se ve ni engaña su hermosura a los reyes sedientos
una puntada aquí en el quicio oscilante donde ayer escondías los más frescos racimos
¿qué será de tus manos que palpan los tesoros en sus pliegues?
-acaba ya esa labor de sombras-
reconoce vencida que únicamente ofreces hilo solo y que tu desnudez ha naufragado sobre un océano sin límite
pero esta voz -¿de dónde?- vuelve cada mañana con su rama de olivo
De “Hilo solo” 1995