Veo pasar los hombres los muchachos algunos tan hermosos con sus sacos de arena
pero son de otra especie aquellos que amo yo
no me importa que oculten su sombra en el armario ni que olviden mi nombre en el perchero de un café
aquél lleva una caja de muerto sobre los hombros y está ausente éstos escarban en las dunas o sonríen cansados como príncipes
ellos sí se merecen un saludo
sobre todo el que acude al final del banquete -nunca había llegado así de bien vestido- como si viera un gesto que flotaba en el aire sus ojos se extasían quisieran ir tras él
luego se ha desplomado sin revelar una palabra de la herida que esconde bajo el pecho
los hombres cuando mueran del todo asomará un reguero de sangre en sus solapas
ese día serán mis semejantes
De “Hilo solo” 1995