Deja dormir en paz, necio guisante. Desiste en tus esféricas razones, que ya me tienes hasta los colchones de lo que te mandara hacer Violante.
¿Qué va a pensar mi dueña y qué mi amante? A qué tanto pinchar reputaciones si no te salvará ni Indiana Jones cuando en la senda estés del elefante.
Tu sola presunción me es tan molesta que crudos ni cocidos ni al jamón consigo soportaros en la siesta.
Y ahí sigues, germinando en mi edredón, robándole a mi paz lo que te presta, haz sediento de luz y desazón.