Aquí me tienes, félido y esfinge. Como el guardián tricéfalo ladrando cadáveres de ti. No sé decirte. Recuerdo otras palabras, otros partos
de otro primer dolor, reciente aún. No se hace la pupila a la sorpresa, a los claros celestes, a ese azul valiente de entre nubes que te acecha
para esculpir siluetas conocidas. Me da miedo buscarte, me das miedo con tus fantasmas cárnicos, sofistas. Tranquilos: yo nací para querernos.
Hay ganas de quererla entre las nubes; hay claridad, azul, respuesta etérea al corazón que sobra y que descubre la pulsación sutil, la luz, la espera.