El sueño del poeta

El sueño del poeta

A la memoria del poeta Sankitshi Togue víctima del bombardeo de Hiroshima.

(Abarcando con la mirada las montañas de Japón, el poeta habla consigo mismo.)

Estas montañas son de sílex, sus frentes desafían por millones de años, terremotos, áspera tiara indiferente que despedaza las nubes. Nadie puede dar otro rostro al sílex, a las rocas, al granito, transformarlos. La montaña permanece montaña (el terremoto puede cambiar sólo la base) encerrada en sus fronteras, con una fuerza igual, por siempre, inacabada. Mira y llama, si no crees en todo esto, si no crees en la constancia de la Montaña, llama de una vez, con la voz más grande, del más extenso de los valles, con la trompeta más profunda de los valles… si no crees lo que te digo, grita de una vez, (a ver, intenta), grita de una vez, con todos los pulmones de los ecos, llama de una vez cuán fuerte puedas desde todos los clarines de las sombras de los precipicios, grita de una vez, ¡ay!, llama, a ver si puedes despertar al menos por un segundo al Cíclope, al cíclope de piedra de la montaña… procura ¡ruge…!

-Silencio, que grito: ¡Eh, Fujiyama…!

(Ecos… ecos… las rocas me devuelven, indiferentes, los anillos de la voz…)

Sin novio, en la luz. la montaña continúa impasible, idéntica a sí misma, eternamente igual, anciana y sin embargo eternamente joven con crines de cascadas, con crines de nieves desbordantes sobre las espaldas… ¡Salud, impavidez de piedra! Así te quedarás por siempre con la misma confianza en la vida del hombre. Puedes tú derrumbarte, Fujiyama., pero no cambiar… La piedra permanece piedra.

Versión de Manuel Serrano Pérez Editorial Stilograf, 1965