Encuentro con Hiroshima

Encuentro con Hiroshima

a Kaoru Yasui

Tierra, tierra muda. Muda, con la piel quemada, con el cuerpo desnudo, perdón, Hiroshima … Perdón por cada paso que golpea una herida, abre una cicatriz… Perdón por cada mirada, que -aún acariciando- duele… Perdón por cada palabra que enturbia el aire donde buscas a los niños, los pueblos de criaturas perdidos para siempre. Tumba inexistente… Viento… viento… viento… viento… Y sus voces, apenas resonando ahora, más extinguidas día a día, únicamente en el recuerdo… ¡Oh, cementerios inexistentes… inexistentes…! ¡De quererlos llorar no se les puede estrechar en los brazos, al menos una urna, una tumba tan sólo…!

¿Dónde están tus pequeños, Hiroshima? Quizás en el océano de plata impasible … Quizás en la infinita bóveda del cielo… O, acaso, en esta misma tierra. que yo piso…

Cada paso que doy lo doy con miedo… Cada palmo de tierra esconde un catafalco… Es como si la tierra que yo piso hubiera dado un grito: -¡Madre…!

¡Oh, concédeme alas, aire de esmalte, para ser leve como tú, ganar altura, y no hollar Con mi paso alguna herida, rasgar, angelical, el cielo con mi ala…!

…Mas, desde sus mil llagas, centelleando, se me acerca Hiroshima, se acerca, se curva dulcemente y me hace señas:

-Te ruego, ven, amigo, y mira lo que fue, y lo que es, y cuenta… Versión de Manuel Serrano Pérez Editorial Stilograf, 1965