Reclinas la cara en la melancolía y ni siquiera oyes el ruiseñor. ¿O es la totovía? Soportas mal el aire, dividido entre la fidelidad que debes a la tierra de tu madre y al casi blanco azul donde el ave se pierde. La música, digámoslo así, fue siempre tu herida, mas también sobre las dunas fue la exaltación No oigas el ruiseñor. O la totovía. Dentro de ti es donde toda la música es ave. Versión de Aníbal Núñez