Miraba yo las rosas penando de alegría, solas entre mis manos, atónitas, perdidas.
Miraba antes las rosas. Quería tener, tenerlas. Quería querer. Quería. Mas la forma no sueña.
Yo canté entre los chopos. Y contra el sol poniente vi florecer los ramos de luz dorada y verde.
Y besé el agua, el cielo. Me trasfundí, fui todo. Pero en la cima, siempre, sentí que estaba solo.
( Queremos lo infinito. Nos duele lo que escapa, aunque entre luz y rosas sintamos fluir el alma.
Sólo es cual si cesara la corriente del tiempo con otro tiempo humano. Tú y yo, remanso eterno. )
Felicidad contigo. Nos viven y sustentan en lo hondo de la noche las eternas estrellas.
¡Felicidad! Tendremos, alba de cada día, nuestro infinito en rosas desnudas. Nuestra vida.
Carmen de la riqueza
Yo, muchacho aldeano, regresando por mis años de fresca y verde senda, traigo, para tu tiempo, la alegría de aquella inagotable primavera.
Para tu boca traigo la caricia de tantas flores de color que sueña; para tus ojos en los que oscurece, la estrella de la tarde triste y bella.
Traigo la voz del agua que ha pasado en el silencio tibio de la hierba; te traigo el cielo, corazón sonoro con álamos de música y ribera.
Abre tu alma. Mira el valle inmenso. Nos ha correspondido esta riqueza. es todo tuyo. el borde de la dicha va más allá del tiempo y de la tierra.
Querría solamente una rosa; esta luz clara y tibia en los ojos, y una rosa entre las verdes hojas.
Una rosa, para mirarla, para descansar, para sentir el alma y ver su forma; para estar solamente en silencio, en armonía con la tarde hermosa.
Dejar que el tiempo, como una muchacha deshoje su blanca corola, eligiendo, dejando caer entre las cosas, nuevas cosas; el tiempo de luz y de sombra…
Quisiera solamente ser una ternura frente a otra; quisiera únicamente soñarte; quisiera una rosa, una rosa.
Carmen de la voz más pura
¡Maravillosos pájaros del alba! Los musicales ramos del aire, quietos. ¿Para quién cantamos?
…Decís el cielo, lejana rosa y violeta; en lo alto, es azul, tiempo. ¿Para quién cantamos?
La primavera secará sus flores. cuando el amor vuele en el viento, el tallo estará roto. ¿Para quién cantamos?
¡Música dulce, oh voz de madrugada! No he conocido lo que amo; pero yo canto con vosotros, ¡maravillosos pájaros!