Yo, muchacho aldeano, regresando por mis años de fresca y verde senda, traigo, para tu tiempo, la alegría de aquella inagotable primavera.
Para tu boca traigo la caricia de tantas flores de color que sueña; para tus ojos en los que oscurece, la estrella de la tarde triste y bella.
Traigo la voz del agua que ha pasado en el silencio tibio de la hierba; te traigo el cielo, corazón sonoro con álamos de música y ribera.
Abre tu alma. Mira el valle inmenso. Nos ha correspondido esta riqueza. es todo tuyo. el borde de la dicha va más allá del tiempo y de la tierra.
Querría solamente una rosa; esta luz clara y tibia en los ojos, y una rosa entre las verdes hojas.
Una rosa, para mirarla, para descansar, para sentir el alma y ver su forma; para estar solamente en silencio, en armonía con la tarde hermosa.
Dejar que el tiempo, como una muchacha deshoje su blanca corola, eligiendo, dejando caer entre las cosas, nuevas cosas; el tiempo de luz y de sombra…
Quisiera solamente ser una ternura frente a otra; quisiera únicamente soñarte; quisiera una rosa, una rosa.
¡Maravillosos pájaros del alba! Los musicales ramos del aire, quietos. ¿Para quién cantamos?
…Decís el cielo, lejana rosa y violeta; en lo alto, es azul, tiempo. ¿Para quién cantamos?
La primavera secará sus flores. cuando el amor vuele en el viento, el tallo estará roto. ¿Para quién cantamos?
¡Música dulce, oh voz de madrugada! No he conocido lo que amo; pero yo canto con vosotros, ¡maravillosos pájaros!
¡Versos de amor! Qué pronto queda dicho todo, sin empezar. Es igual que mirar al cielo iluminado alguna vez.
Tan honda en lejanía, tan puro lo que quisiéramos cantar. Pero qué decir de una rosa en la mano, en el corazón.
( Sentarse al borde de una fuente, sedientos, y verla temblar en el junco verde, en el pájaro que alegra la onda de la luz.
Tan indecible y sin palabras como adorar, quedar, sentir al aire en flor de una sonrisa toda nuestra felicidad. )
Yo no sé bien por qué, tentado de imposible, quiero decir cómo la dicha excede al hombre, cómo es tan inefable ser;
¡ser, solamente, ser, completos, esto que somos al amar! Una lira sonora, ebria, en manos… ah, ¿de quién, de quién?