Hermosa, sólo hermosa. Estrellas tibias en tu pelo suelto que el aire combatía; prados floridos, cielos en el agua, curvados animales ligeros cuerpo abajo, ladera abajo; pechos gacelas; áureas caderas con caballos. Todo, fuego en un río de espacio musical, cauce de astros infinito. Sí: bella, hermosa. Sonreías como cálida nieve; mirabas pasar ríos; concedías labiales claveles oprimidos, auroras vacilantes, luz negra, hiedras ardientes cuerpo adentro.
¡Oh rosa hija del tiempo, agua del tiempo, floreciente lago de tiempo! Junto a tus orillas he soñado la vida, y he mirado anchos los cielos. Aunque todo pase, yo amaré siempre. Poso mi cabeza sobre la roca, muevo el horizonte, y oh sollozado ramo de palabras, golpeo el agua clara. ¡Fuente, luz del ser, con tu imagen! ¿Te soñaba? Tenía una estrella en el pecho. Y tú eras hermosa, eras hermosa; sonreías…