Está lejos el mar, pero recuerdo el musical chasquido de las olas -oh cima, oh prados de agua florecida-, corona de la fuerza melodiosa.
Está lejos el mar, pero recuerdo la luz del sol en mil alfanjes rota, la intensidad feroz, la luz de fuego reverberando, primavera honda.
Oh, la visión alegra y embellece la tristeza infinita de las horas en espera; el azul innumerable acoge al alma innumerable y sola.
Está lejos el mar, pero ¿quién ama sin recordar las implacables olas? La Fuerza insoportable hiere, rapta, y de palabras bellas nos corona.
Distraída del mundo; más, lejana como un vuelo de pájaros, tú existes donde el silencio empieza, donde el alma.
Donde las avenidas, misteriosas de árboles altos y de sombra extraña nos llevan a la pena más hermosa; donde la noche llora, constelada frente a sí misma, porque todo es poco,
porque los mundos brillan en la nada, como nosotros, donde la belleza suspende el tiempo; donde canta mi voz más sola; en mi reducto último, allí estás tú, silencio, alma.
Alza los ojos, tienes la cabeza de una imposible luz aureolada; quieres, querrías, pero no te sientes, porqué eres sólo noche, noche clara.
¡Ah, dame ese silencio, rompe esta belleza que nos mata! Y en tu infinita noche, álcese un viento dulce, despertando ramas.
Tú, nunca encontrado, sólo a quien busqué. ¿Siempre he de seguirte sin llegarte a ver?
Amor prometido en rosa y en luna, en toda belleza que quede o que huya…
Tú que me naciste. y el amor nació; unidad completa, soledad, amor.
¡Amor sin amada! ¡Fantasma de fe, nostalgia, recuerdo que nunca miré!
¿No eres tú quien mueve la buena pelea, tú, a quien se va siempre, y nunca se llega?
Si eres en mi alma flor de eternidad, ¡florécete y huye, no me des la paz!
Pero, no: en el mundo me naciste un día; pues en ti soy hombre, déjame que viva.
Estoy: una vida es la eternidad. Jamás tendré otra, te quiero alcanzar.
¡Sí, quiero alcanzarte, y tenerte, sí; vivir un destino, vivir y vivir!
¡Yo quiero tus ojos, tu voz y tu boca, y tu alma y tu carne toda, toda, toda!
¡Oh, amor prometido que nunca he de ver; si eres como un sueño, bella debes ser!
Mi tristeza decía:
¿Qué flor nueva iluminas en tu tierra de voz? Sangran viejas heridas, y llora el ruiseñor de ayer, al aire nuevo, su canción.
Y yo:
¡Ay, amor, que te fuiste y te vuelves; ay, amor!
Mi alegría decía:
No sé si el tiempo gira, o si retorno yo, pero rosales de oro miro otra vez en flor, y en una fuente seca juega el agua y el sol. ¡La primavera vuelve, corazón!
Mi corazón decía:
¡Primavera otra vez! Cántale, ruiseñor, tu antigua y siempre nueva, siempre bella canción: «Cuánto te quiero, mi vida y mi sol. ¡Ya el nomeolvides tuyo floreció!»
Y yo decía, sólo, tu estribillo, canción:
¡Ay, amor, que te fuiste y te vuelves; ¡ay, amor!