Los niños, muchos niños, piden techo, lloran alma, tiritan sin rencor. Acaso está lloviendo, acaso hubo la naranja que no alcanzó su mano, o el frío, o las muchísimas estampas que no vieron jamás. O los zapatos que están rotos…
La letra jota de jugar, jardín, las letras de alegría que arden solas, ¿dónde yacen? Quisiéramos saber…
Los niños quieren recobrar su edad.
Una concha y un pan, un monigote, bastan, mas ¿dónde están? No veo el rostro de esos niños debajo de su cara: veo un disfraz registrador que suma tiempo, y tiempo de adultos, tiempo y duelo, dolor y hasta un final. ..que escaparíamos, oh Dios, qué hacer, qué haríamos, esto es demasiado, esto no puede ser! Nosotros, antes, indudable, muchos ya no tuvimos casi juventud; había sin Instituto tanto que aprender, tanto que ver en serio, ojos redondos; y además qué más da, si era estupendo vivir ya de verdad. ..Cumplidos hombres de doce años entonces… Nos mataron al muchacho. Fue triste, pero un niño está siempre en nosotros. Esto ahora… Qué extraña la vejez si no hubo vida. Qué edad terrible, adulta sin edad. ¡Qué hacer, digo; qué hacer! Rebotan, vuelven, aun con rumor de guerra, tierno César Vallejo, las palabras de aquel llanto: ¡Ah! iDesgraciadamente, hombres humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer! Mucho, mucho, ¡así es!
“España, pasión de vida” 1945-1950