Lamento

Lamento

¡Seguid, seguid ese camino, hermanos; y a mí dejadme aquí gritando!

¡Dejadme aquí! Sobre esta tierra seca, mordido por el viento áspero -campanario de Dios frente al derrumbe rojo del ocaso-.

¡Dejadme aquí! Quiero gritar, tan hondo en el dolor, tan alto, que mi voz no se oiga sino lejos, muy lejos, libertada del tiempo y del espacio.

¡Dejadme aquí! Dejadme aquí, gritando…

Otra voz

Durante tiempo y tiempo, mirando a las estrellas, entre dulces muchachas, flores azules, pájaros de colores, y otras circunstancias así de tiernas y conmovedoras, el poeta fue un erguido girasol celeste, deslumbrado en el vivo resplandor de la lejana e impasible belleza.