El mar de siempre

El mar de siempre

No volver a soñar más que en lo mismo para tejer el hilo de los tiempos que tal vez fueron milagrosos. O acaso no existieron, sino en la mente de quien los pensó.

Ese arrullo que escuchas no es el del mar de entonces; aquel calló con las ausencias, o bien se hundió lejano y se perdió en la espuma de otros mares.

No son los mismos, nunca. Cada uno se acerca a sus orillas, diversos todos, todos únicos en el rozar del agua con su tierra; y cada tierra con su mar se duerme o al levantar el sol con él se alza. Pero distintas, diferentes, las tierras lejos, las de cerca, tienen su propio mar que las arrulla y con diverso pálpito respiran.

Como es otra la música que en su bajar nos llega del infinito mar de las constelaciones.

Y así vamos de mares y de orillas al límite final que nos espera.