A tu esplendor se opone soberano de candor sensitivo nube helada, porque a poder tu luz ser eclipsada, lo pudiera ser sólo de tu mano.
Escrúpulo viviente más lozano, solicita a tu sol Clicie nevada, y, celosa de puro enamorada, le da en poco cristal mucho oceano.
De breve oposición blanca osadía, sepulcro y cuna le aplicó en una hora a la de luces doble monarquía.
Tanto a tus ojos claros desafía el tirano dolor que el alma siente, que a los diluvios de cristal corriente todas sus luces tu beldad les fía.
Vivo el cuidado, mustia la alegría, dio sepulcro a tu sol tu mismo oriente; y, a pesar del ahogo, se consiente más triste si no menos bello el día.
Fue de tus luces providencia rara el que a un afán el llanto las rindiera, y en derretido aljófar anegara;
y a los activos rayos de tu esfera fue preciso que el agua los templara, porque el mundo a su ardor no se encendiera.