Envidiosa es porción de tu blancura esa que hoy de una verde celosía, para honrar a tu mano, hurtó la mía, ésta si cortesana, aquella pura.
El alba bella entre ámbares supura en su limpio cambray sustancia fría, madrugando más éste que otro día y más que a otros crecida su ventura.
Y si ignoras el nombre a estos lozanos jóvenes que te ofrezco a celemines -que con serlo, se miran todos canos-
fácilmente creeré que lo adivines si entre ellos mezclas, Lísida, tus manos. Silos tocas, verás que son jazmines.