Felicidad lograda, caminamos por ti sobre un filo de espada. Para los ojos eres resplandor que vacila; para el pie, tenso hierro que se raja; que no te toque, pues, quien más te ama.
Si llegas a las almas invadidas de tristeza, iluminándolas, tu mañana es dulce y turbadora como nidos en las molduras. Mas nada paga el llanto de ese niño cuyo globo se escapa entre las casas.