El que se arroja al agua tomado al ralentí diseña un arabesco filiforme y en tal cifra quizá se identifica su vida. Quien está en el trampolín aún está muerto, muerto quien vuelve a nado hasta la escala tras el salto, muerto quien lo fotografía, no nacido quien celebra la empresa.
¿Está pues vivo el espacio de que vive lo moviente? ¡Piedad por la pupila, el objetivo, piedad por cuanto se hace manifiesto, piedad por el que parte y el que llega, piedad por el que alcanza o ha alcanzado, piedad por quien no sabe que la nada y el todo sólo son velos de lo Impronunciable piedad por quien lo sabe, quien lo dice, quien lo ignora y va a tientas en la sombra de las palabras!
Versión de José Ángel Valente