Esta mañana me sorprende con mi olvidada calavera entre las manos. Hago de Hamlet.
Es la hora reductiva del monólogo en que interrogo a mi Hacedor sobre esta máscara que ha de volverse polvo, sobre este polvo que sigue hablando todavía aquí y acaso en otra parte.
A la distancia que me encuentre de la muerte, hago de Hamlet.
Hamlet y pájaro con vértigo de alturas, tras las almenas del íngrimo castillo que cada quien erige piedra a piedra para ser o no ser según la suerte, el destino, la sombra, los pasos del fantasma.