Epígrafe

Epígrafe

I Tu mano en que desdoblan ruiseñores su pálido desnudo, su ancho pecho de musgo coronado, es mano que abre al viento reclinado claro jazmín entre la sien oscura.

Sí, deshojada el agua entre la frente, labra pequeña placidez de lirio y entre los dedos gajos de violines.

II Tiende el oído y óyeme esta canción que es como semilla de estaciones.

Que es como la casa de verano donde me crece de la mano un niño, y el alma da empujones a la orilla, y es como piel el alma -no se siente.

Entraremos de pronto en el verano como árboles vegetalmente abiertos de oídos y de polvo,

Porque todo refluye hacia el arribo, asciende el vientre a capital de fruto y el aire hacia ecuación de golondrina.

¡Brotes sacramentales de la hierba, oh, dádivas subiendo de la entraña, suma de transitados alimentos!

Y a la altura del pecho y la labranza semilla de silencio y luz desierta.

Todo regresa hasta su forma exacta. La vida retoma su ambición pequeña de ser, del todo, vegetal profundo, recóndito edificio y luz abierta.