Poema cuarto (Canción del Esposo a su Amada)

Poema cuarto (Canción del Esposo a su Amada)

Asomada a mi pecho tatuada en él como la edad y el daño.

Como una suave grey de colinas cuyo rumbo retorna con el alba,

Habla mi amada con su amor que tiene apenas pecho diurno y voz descalza.

A mi sombra se bordearon de pulpa su caderas.

Por mí arrea con sus pechos el ganado del alba,

Y la tarde a su paso se quebranta, como de junco herido y laurel entornado.

Párpados transitados de nieve y mediodía,

Pozo donde mi boca desmedida resbala como torrente de paloma y sal humedecida.

Sobre los muslos te pusieron racimos de ira y vocación de besos.

Yo haré que de tus muslos bajen manojos de agua, y entrecortada espuma, y rebaños secretos.

Ven, Amada.

Los árboles todos tienen tu cándida estatura, y tu párpado caído, y tu gesto mojado,

Edificio de alondras habitado de climas donde legisla el sol sobre viñedos de oro.

A tu sombra me encontrarán los pájaros salvajes.

Tu voz de aire caído entre cuatro azucenas, desfilará en mi oído como acude la tarde.

Ven, te probaré con alegría, tú soñaras conmigo esta noche.