I Pregunté a las mujeres del campo por el Hombre;
Pregunté a la mujer cuya insepulta frente deteníase al cabo de su niño infecundo y sollozaba.
-Mujer has visto tú a mi Amado,
Has visto al huésped mío, al camarada hermoso?
Su carne que el verano golpea de amapolas,
Su nariz de poniente,
Y el pecho de oro náufrago como los litorales.
¿Lo conoces?
Puede pasar de pronto con la piel soñolienta y alegres las axilas retumbantes y frescas.
Oh, el camarada hermoso con los talones ágiles y pálido el peinado candoroso,
Saturada de clima nocturno su garganta,
Y la mano en que estalla la angustia como el mar.
¿Lo reconoces reposando al borde de mis inmediaciones como torrente de islas y pájaros cautivos?
II Yo lo busco.
Él es mi Camarada;
Junto a su mano dejan su olor las golondrinas
Y una ola de mineral oculto lo recorre.
Queréis hallarlo conmigo
¡Oh, mujeres de vientre madurado en cuya piel antigua desfallece el tiempo del desnudo y se hace honda en la frente la señal de parir y sollozar! ¡Oh, doncellas alegres en cuya boca estalla el primer ruiseñor y el agua masculina es recogida en cauce estremecido!
¡Oh, niños de marfil y nácar fugitivo por cuyo salto de jazmín resbalan las mañanas escolares!
Busco a mi Camarada y por su origen inocente avanzo sin saberlo; y me detengo. Buscadlo cuando el trueno, cuando las manos de Dios vienen rodando como suaves árboles enfurecidos,
Por entre los sepulcros invasores,
Entre semanas llenas de ovejas y enramadas.
Queréis buscarlo conmigo, y exaltarlo, A Él, al Hombre,
Al que camina en parte con mi alma,
Al del muslo entornado cuya daga sumergida en la noche ya no tiembla en el aire, ni secará en su diestra cortada a pico y sola con el miedo.
Y al otro, desamado sollozo de mi frente que apenas tiene un trozo de hierba para posar su oído y es señor de arboledas y ciudades.
Al Hombre, al Camarada.
Bendito sea su vientre que comparto en el seno de mi madre
Queréis buscarlo y exaltarlo conmigo,
Al Amado del día transitorio cuya angustia se detiene en mis pechos como el mar.
Queréis que vaya y me ofrezca en sus manos como semilla de éxtasis,
Que le lleve mi cuerpo reclinado entre palomas,
Y que llene su boca de sol y mediodía
Oh niños,
Oh doncellas alegres,
Oh mujeres de vientre madurado,
Glorificadlo y exaltadlo conmigo.
Hasta que nuestras bocas sagradas se detengan
Así sea.