Poema segundo (Ausencia de amor)

Poema segundo (Ausencia de amor)

Amado en cuyo cuerpo yo reposo,

cómo será tu sueño cuando yo te he buscado sin hallarte.

Oh, Amado mío, dulcísimo como alusión de nardo entre aromas morenos y distantes,

Cómo será tu pecho cuando te amo.

Cómo será encontrarte cuando es amor tu cuerpo y tu voz, un manojo de lámparas.

Amado, hoy te he buscado por entre mi ciudad y tu ciudad extraña, donde los edificios no se alegran al sol, como frutales conchas y celestes cabañas.

Y andaba yo con un crepúsculo enredado entre la lengua,

Con aire de laguna y ropa de peligro.

Me vió desde su torre un auriga de jaspe,

yo te andaba buscando por entre el verde olor de sus caballos,

Por entre las matronas con pañales y pájaros;

Y pensando en tu boca reposaban mis ojos, como palomas diurnas entre hierbas amargas.

Y te buscaba entonces por las inmediaciones de mi cuerpo.

Tú me podías llegar desde el suceso cálido.

II Amado, hoy te he buscado sin hallarte por entre mi ciudad y tu ciudad extraña,

Junto a alquerías errantes guardadas por el campo y de agitado pasto vencidas y entornadas.

Y de pronto llegaste, huésped de mi alegría, y me poblé de islas con tu brillante dádiva.

Desde la brisa fresca llegaste como un niño con un pañuelo blanco

y la noche voló de sueño entre las ramas, junto al gozo del agua y el rastro de la abeja.

Amado, en cuyo cuerpo yo reposo y en cuyos brazos desemboca mi alma,

Cómo será no hallarte en la distancia, y llegar a tu cuerpo como los alimentos reanudados al calor de la gracia necesaria y perdida.

Estar donde no estoy más que de paso, no estar donde tu aliento me contiene y me desgarra como una piedra el alma.

Cómo será tener, de golpe, el cuerpo dividido y el corazón entre las manos congregado y solo. Amado, hoy te he buscado sin hallarte por entre mi ciudad y tu ciudad extraña, y no te he hallado.

Cómo será buscarte en la distancia.