Poema tercero (Consumación)

Poema tercero (Consumación)

Tus brazos como blancos animales nocturnos afluyen donde mi alma suavemente golpea.

A mi lado, como un piano de plata profunda parpadea tu voz, sencilla como el mar cuando está solo y organiza naufragios de peces y de vino para la próxima estación del agua.

Luego, mi amor bajo tu voz resbala,

Mi sexo como el mundo diluvia y tiene pájaros,

Y me estallan al pecho palomas y desnudos.

Y ya dentro de ti yo no puedo encontrarme, cayendo en el camino de mi cuerpo,

Con sumergida y tierna vocación de espesura,

Con derrumbado aliento y forma última.

Tú me conduces a mi cuerpo, y llego, extiendo el vientre y su humedad vastísima, donde crecen benignos pesebres y azucenas y un animal pequeño, doliente y transitivo.

II

Ah, si yo siquiera te encontrara un día plácidamente al borde de mi muerte, soliviantando con tu amor mi oído y no retoñe…

Si yo siquiera te encontrara un día al borde de esta falda tan cerca de morir, y tan celeste que me queda de pronto con la tarde.

Ah, Camarada,

Cómo te amo a veces por tu nombre de hombre

Y por mi cuello en que reposa tu alma.