Accede, te lo ruego así… Dejemos -mientras se enfría el té que has preparado- de leer el capítulo empezado: amada, cierra el libro y escuchemos…
Y calla, por favor…Guarda tus finas burlas: ten la vergüenza, no imposible, de que tu dulce voz halle insensible, rebelde corazón que aún dominas.
¿Ves? Llega como un breve pensamiento que pone en fuga el arrepentimiento… Bebe toda la onda, hermana mía,
no dejes en la copa nada, nada… Emborráchate, amada: la música es el vino hecho armonía.
¡Qué tarde regresas!… ¿Serán las benditas locuaces amigas que te han detenido? Vas tan agitada!… ¿Te habrán sorprendido dejando, hace un rato, las casas de citas?
¡Adiós, morochita!… Ya verás, muchacha, cuando andes en todas las charlas caseras: sospecho las risas de tus compañeras diciendo que pronto mostraste la hilacha…
Y si esto ha ocurrido, que en verdad no es poco, si diste el mal paso, si no me equivoco y encontré el secreto de esa agitación…
¿Quién sabrá si llevas en este momento una duda amarga sobre el pensamiento y un ensueño muerto sobre el corazón?