Ya regresé a tu ausencia de puentes y reflejos, de amplios espacios libres,
marinos. Vuelvo al aire amargo de tus plazas, a tus patios estrechos.
No supiste enseñarme a perderme, te debo los frutos más oscuros
de mi alma: el rigor al que aspiro, el odio a todo lo que es falso y mi pudor, mi calma. De “Lotes baldíos” 1985