Al oído de una muchacha

Al oído de una muchacha

No quise. No quise decirte nada.

Vi en tus ojos dos arbolitos locos. De brisa, de risa y de oro. Se meneaban. No quise. No quise decirte nada.

la mar no tiene naranjas, ni Sevilla tiene amor. Morena, qué luz de fuego. Préstame tu quitasol.

Me pondrá la carne verde -zumo de lima y limón-, tus palabras -pececillos- nadarán alrededor.

La mar no tiene naranjas. ¡Ay!, amor. ¡Ni Sevilla tiene amor!