Soneto gongorino

Soneto gongorino

Este pichón del Turia que te mando, de dulces ojos y de blanca pluma, sobre laurel de Grecia vierte y suma llama lenta de amor do estoy parando.

Su cándida virtud, su cuello blando, en limo doble de caliente espuma, con un temblor de escarcha, perla y bruma la ausencia de tu boca está marcando.

Pasa la mano sobre su blancura y verás qué nevada melodía esparce en copos sobre tu hermosura.

Así mi corazón de noche y día, preso en la cárcel del amor oscuro, llora sin verte su melancolía.