A la señorita Argemira López que no me quiso. Efectivamente tienes dos grandes senos y un collar de perlas en el cuello. Un infante de bruma te sostiene el espejo. Aunque estás muy lejana, yo te veo llevar la mano de iris a tu sexo, y arreglar indolente el almohadón del cielo. Te miramos con lupa yo y el Renacimiento.