Antes morir que pecar

Antes morir que pecar

Estás triste, los desnudos no te afectan y sus caricias resbalan por tu dorada piel. Salidos de una piscina de sangre diluida, estos ángeles rojos no te afectan y en ellos sólo ves bronce, Pollajuolo, Cristo. Su llamada es lejana e insistente; están maquillados con dureza y ellas muerden sus labios.

Estos desnudos te entristecen -¿ quieres que seamos amigos?-; estos desnudos no te afectan, aunque te embriagues con el aroma de tanta página. ¿Y la Virgen, oh María del Pilar, estos adolescentes que aprietan pesadillas en pequeños sostenes nubes de nylon y tormentos, baños de espuma rosa, sus pesadillas? Salen de un río de plata y la naturaleza los disfraza como el Céfiro a Flora; ellas miran de frente como esperando ser dulcemente castigadas por un nazi. No pueden afectarte los desnudos vuelan entre ellos Perseo y CliteMnestra y no piden cariño sino asombro, ¿su amigo vas a ser ? Suenan los cascabeles cuando extiendes la mano y la sonrisa, mas recuerdas, y el huracán de la memoria mezcla cines y discos y muñecas: alguien corta tus dedos. Estos desnudos, estos vidrios latentes no deben afectarte.

Así, con un delirio de brasas y de lágrimas tu enloquecido “no” los decapita.

¡Suicidios precedidos por el salvaje grito, la frase eterna de San Luis Gonzaga!