Geschrei (clamor) el rey del bosque, único hombre del bosque y rey waldgeschrei ( clamor del bosque ) rey de la voz voz del bosque es el hombre voz cuando el bosque se cierne freudengeschrei (alegre clamor) risa del bosque, bosque sin palabras bosque es palabra del rey: palabra del silencio ein stilles leben (una vida en silencio) por ser habla del bosque y por ser bosque ein stilles leben ist es ( entonces el silencio es vida) del bosque por la voz del rey.
¡Oh rey! ¡Padre del bosque! tú, tú mismo ein zeichen deutungslos (un signo sin sentido) en el bosque sólo como clamor creador, explicador del bosque nada para ti mismo, nada para nosotros ein zeichen sind wir, deutungslos (nosotros, un signo sin sentido ) nosotros tras el árbol nosotros tras el que sólo es trazo sprachlos und kalt (mudo y frío) el clamor de la nada nada muerta en el trazo que todo el bosque busca.
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Por toda referencia en el paisaje que la nieve ha cubierto
(las sombras ahora resplandecen)
borrado incluso el trecho donde antes caminara el sacerdote,
un hombre busca el norte, el sur, el este y el oeste.
El hombre, único en el paisaje,
busca el norte y el sur y el este y el oeste.
Así suspenso ni crucificado ni en fúnebre meditación ni en cruz ni en sepultura suspendido en perpetuo descenso la figura está inmóvil tras ochocientos años.
Crueles escultores y conversos que acudían y un mísero ladrón le mantienen en perpetua agonía.
Mil años de madera lo contienen a medio caminar del fracaso y del triunfo:
ni cadáver ni resucitado, más allá de los hombres sin llegar a los dioses.
Aquí hace mucho tiempo bailaba Halicarnaso las Nereidas bailaban yo bailaba.
Pero las cosas rnueren no por lluvia ni viento ni terremoto o turco, sino cuando la vida deja de poseerse y el amor.
Hoy volví a este lugar y a la cuádruple cabeza de caballo: vive el trabajo, no el trabajador.
¡Friso animado, Fidias muerto!
Estas cuatro cabezas, pero ¿y el cincel y el antebrazo de los escultores?
Aquí está la Nereida no mi cuerpo.
Aquí está el Partenón ¿y Fidias, dónde está? Sus hijos siguen abrazados a cabezas de mármol, como yo a este lugar. Ha pasado la vida y la danza.
Yo no sé qué esperamos los unos de los otros, ni la razón para tener a mi mano como un fiel aliado.
Nada puedo esperar de una mano capaz de señalar al justo y al perverso o escribir poemas en las habitaciones de un verano impregnado de vino y sal y sangre.
Sólo, quizá, recordar otra gente que ahora se arrastra entre pájaros muertos y vivir seriamente un calendario cuyas mentiras apenas disimulan lo efímero de su numeración.
Un poco de silencio es ya todo silencio sobre la arista jónica y el zodiacal Júpiter olímpico molesto por el ángulo recto hace resplandecer su dentadura de truhán
«Mira ( dice) aquí pongo yo la palabra»
grabada como el famoso ruiseñor para un emperador dormido
y aunque la devoremos queda allí la palabra luciente como aceite y la palabra no es el acto
la palabra no es el acto y un poco de silencio es ya todo silencio.
La estepa/algo insultante para aquel que tenga en mucho el límite y mire con sus ojos/otros ojos/hay ilimitados
para el rojo de aurora/el rojo de crepúsculo el mismo rojo ilimitado/para el pámpano para el pámpano un rojo/para la hoja del rosal naciente
insultante si se tiene en mucho que las hojas son verdes en casi todas partes/para una creación de los ojos
más creaciones/hay ilimitadas para rojos rosales brotando o viñas que agonizan en otoño
pues todo es de ese rojo en el límite que no limita nada/la nada.
Silencio el recuerdo un estruendo Inuchos vasos de agua no hacen olas la sed es un estruendo
allí va Maritornes muchas que van no hacen una palabra tener es un estruendo
la voz no es mía muchos míos no hacen un yo el estruendo de un yo no ensordece más que a su poseedor.
El hombre hace por parecerse al hombre y así escribe palabras palabras para el hombre que nacen para nadie que alrededor vigila como muere y su necesidad.
Mira a su alrededor y gime y se golpea la boca con los pies pero el hada le dice:
«Tú miserable que has visto perecer tu contorno, has dicho a tu paciencia: vivo yo y es casual que los demás también».
Dignidad del constructor de dólmenes para ellos un solo padre
hombres robustos e implacables que no sólo cazaban
enormes piedras de mucho peso que fueron levantadas en un instante de concentración con talento de fundadores
mujeres ollas leños que humean bajo el barro ardiente mujeres y pedazos de tocino cortado flotando entre burbujas
ellos los que sellaron el limo de la tierra en la primera copa producida como masturbación
para ellos una sola mujer como el campo abre sus piernas al guisante
entre rebaños de animales hoy desaparecidos como el idioma del desierto entre animales
levantaban en silencio sus gigantescas piedras siempre
muchos de ellos alrededor de una piedra durante mucho tiempo
de varias piedras que levantaban con ingenio
y con ingenio una vez levantadas mirarse y en silencio y salir a la caza y sembrar y mirarse y cazar y en silencio durante trescientos mil años.