Jardín nocturno

Jardín nocturno

La mancha del cielo azul, sombras de árboles, sombras de nubes, y alrededor muros, ruinas, piedras que en el silencio son frío, si la mano, si el pensamiento las roza. De noche, retraído y apasionado, contemplar desde allí lo lejano. Olvidado de sí, hambriento del mundo, vagar entre luces, ciudades, veranos. Mas luego como cuando uno, sin saberlo, extiende por mares su corazón y regresa al solo sitio en que sueña: ha pasado el tiempo, y sin embargo está el fulgor lunar sobre la vida. Así ilumina, así entristece viril al hombre la soledad de su delirio.

De “Los adioses” 1963