Llanura de Tuluá

Llanura de Tuluá

Al borde del camino, los dos cuerpos uno junto del otro, desde lejos parecen amarse. Un hombre y una muchacha, delgadas formas cálidas tendidas en la hierba, devorándose. Estrechamente enlazando sus cinturas aquellos brazos jóvenes, se piensa: soñarán entregadas sus dos bocas, sus silencios, sus manos, sus miradas. Mas no hay beso, sino el viento sino el aire seco del verano sin movimiento. Uno junto del otro están caídos, muertos, al borde del camino, los dos cuerpos. Debieron ser esbeltas sus dos sombras de languidez adorándose en la tarde. Y debieron ser terribles sus dos rostros frente a las amenazas y relámpagos. Son cuerpos que son piedra, que son nada, son cuerpos de mentira, mutilados, de su suerte ignorantes, de su muerte, y ahora, ya de cerca contemplados, ocasión de voraces negras aves. De “Los adioses” 1963