Lucrecia

Lucrecia

Oh, quién fuese la hortelana de aquestas viciosas flores, por prender cada mañana al partir a tus amores.

Vístanse nuevas colores los lirios y la azucena; derramen frescos olores cuando entre por estrena.

Alegre es la fuente clara a quien con gran sed la vea; mas muy más dulce es la cara de Calisto a Melibea.

Pues aunque más noche sea, con su vista gozará. ¡Oh cuando saltar le vea, qué de abrazos le dará!

Saltos de gozo infinitos da el lobo, viendo al ganado; con las tetas los cabritos; Melibea con su amado.

Nunca fue más deseado amador de la su amiga; mi huerto más visitado, ni noche tan sin fatiga.