Pues es indudable que todo espíritu creado necesita el consuelo del cuerpo. San Bernardo
Ante el misterio, lejana realidad, Dios en silencio, teme el espíritu encontrarse libre del cuerpo tierra que familiarmente lo acompaña, cárcel oscura y fuga luminosa: su paz o su inquietud, su ingénita frescura y su descanso.
Entre formas confusas se desliza el espíritu dormido o vigilante, altivo o fatigado de recuerdos, detenido por ausencias sin contornos junto a la eternidad de lo perfecto. Y sólo el cuerpo atrapa con los cinco sentidos perspicaces y sus vagos senderos ignorados el gozo de la luz y del sonido, y del mirar confiado a las espigas y del callar sereno hacia los astros.