El cuerpo, criatura delicada

El cuerpo, criatura delicada

El cuerpo, criatura delicada, tierno como las rosas en el alba, conserva su frescura primera junto al miedo que vive de él, y en soledad profunda lo devora con un afán intenso de perfección.

El cuerpo es morada pasajera del espíritu nómada, su consuelo, su fiel compañía generosa, su sombra en la llanura sin rumores, su imagen sorprendida, su grito sin color y su esperanza.

¡El espíritu libre!…

¡El espíritu libre! honda zozobra, quemadura de llama en agonía, nostalgia del vivir inteligente asomado a la orilla de la muerte.

Angustia cuotidiana de alentar entre rosas o pavor de una noche sin luceros frente al todo infinito y desolado.

Hallazgo de no morir un día, sino seguir viviendo de lo que ya vivido está en la sangre, entre secretos surcos dilatados, entre hierbas de noche oscura y rosas húmedas desde la tierra o nube del origen.

Naufragio de lo propio y de lo ajeno con el nacer; morir anticipado morir sin morir del todo, porque, semilla de divina esencia vivirá siempre en formas increadas para consuelo de los otros seres.