A aquel vago delirio de la sala traías el portal azul del pueblo de tu niñez, en tu silencio abríase una lejana cena misteriosa. Cayó el espeso velo de los ojos y al que aguardó toda la noche abrimos. Partía el pan con un manto de nieve. Con las espaldas del pastor huiste, cuando volviste el rostro era la noche, todo había cambiado y sin embargo en la granja dormían tranquilas las ovejas.