No, no, memoria del pasado día vengas sobre este sol y césped santo. No vuelva yo a invocar refugio tanto de lo que así se crece en despedida.
Quédeme tu intemperie y mi porfía de caer, de volver de nuevo a alzarme, no la raída pasamanería que alza mi polvo y que tu luz deshace.
No me hartes de mí que hartazgo tanto no soporta mi poca luz vencida. Mas mi ayer fue tu hoy: no halle quebranto.
Volver a lo pasado no es mi ruego… ¿Pero y aquel aroma de la vida? Retenga su promesa, no su fuego.