Qué caprichosa y exquisita mano...

Qué caprichosa y exquisita mano…

¿Qué caprichosa y exquisita mano trazó, eligió ese gesto perdurable, lo sacó de su nada, como un dios, para alumbrar por siempre otra alegría? ¿Participabas tú del dar eterno que dejaste la mano humilde llena del tesoro? En su feliz descuido adolescente ¿derramaste el óleo? ¿Qué misterio fue el tuyo, instante puro, silencioso elegido de los días? Pues ellos van tornándose borrosos y tú te quedas como estrella fija con potencia mayor de eternidad.