Una cara, un rumor, un fiel instante ensordecen de pronto lo que miro y por primera vez entonces vivo el tiempo que ha quedado ya distante.
Es como un lento y perezoso amante que siempre llega tarde el tiempo mío, y por lluvia o dorado y suave hastío suma nocturnos lilas deslumbrantes.
Y me devuelve una mansión callada, parejas de suavísimos danzantes, los dedos artesanos del abismo.
Y me contemplo ciega y extasiada a la mágica luz interrogante de un sonido que es otro y que es el mismo.