Voy por tu cuerpo con la avidez gozosa de un lobo que demarca su nuevo territorio, preciso tu latido, tu miel, tu levadura, el tacto que me brinda paraísos contrarios. -Tu piel, con su fragancia de tierra lloviznada, transpira como un niño que juega entre la niebla-. Con manos como olas, con labios como insectos, con el abrasado viento de mínimas palabras me aferro a tus costados, deambulo por tu cuerpo, convoco en tus fronteras el solapado fuego. Y, así, de toque a beso, de humedad a silencio te creces en ternura, te viertes en codicia, aprendo de tus manos mi resplandor más hondo, y bebo en tu saliva mis sales y mi aroma.