Deseo

Deseo

La noche traficante de eróticas consignas. Los amantes transcurren hacia el éxtasis. Un almizcle ritual de miel salobre impregna el aire y su fervor me ubica en el puntual laberinto del deseo.

Servidumbre de labios suplicantes, obstinada ambición que discrimina todo gesto vital que no aproxime la hoguera de otra piel, y el denso musgo.

Qué mercenario puñal, qué ultrasonido, qué atroz felicidad, qué fiera subterránea podrá desvertebrar esta codicia, este monstruo de sedas y pezuñas, lengua en acecho, famélica pantera que desoye la hora del que sufre, el paso de la furia y sus escombros, la complicidad del aire en los violines, y absorta en mi delirio sólo imploro un cuerpo de varón, elemental, desnudo que exorcice mis lúbricos fantasmas mientras preso en mi vientre muere y vive.

Erótica

Pon en guardia tu cuerpo y el ritmo de tus sueños. Desde la médula del tiempo busco tu paraíso, la mezcla de tu sangre, el crisol de tu sexo donde el futuro ensaya su cósmica simiente.

Estoy desnuda como el eco de la primer mañana, con mi sed disparada como una bala al cosmos, acechando tus manos, el cielo de tu boca, la genital presencia entre tus muslos firmes.

Ah, pero mi amor no altera tus sólidos baluartes, te sellas castamente para esquivar mi asedio, estás sordo a mi grito, al fragor de mi sangre, a la insomne ternura que para ti alimento.

Déjame ser el vértigo que apura tu caída, el vino que amedrenta tus íntimos pudores, la hoguera donde crujan tus huesos uno a uno, el amor que aniquile tu párvula indolencia.

Dame tu luz, tu risa, la fuerza que te escuda, el clima de arrogancia que yergue tu estatura, tus ojos invasores y esa vital delicia que se aferra a tu cuerpo y dora tu epidermis.

Entrégame tu enigma, la descifrada clave que me guíe al prohibido torreón donde sueñas. Te escalaré en silencio, exhausta de anhelarte y seremos dos leños nutriendo el mismo fuego.