¡Oh, deseado! Cuánto amor profanado para hallarte, cuánta fábula escrita sobre ruinas, y el dolor clausurado en roca viva para sellar tu fuga innumerable.
Pero fuiste huella en el viento, mediodía de tinieblas, en el centro de la hoguera lodo y ceniza, en la súplica del agua prólogo de fuego, a la hora del dolor medianoche de lobos.
Hasta que fui anulando tus escapes, tus pasos hacia atrás, tus negaciones, levantando piedra a piedra la mazmorra donde amurar la obsesión de tu vigilia.
Y ahora que, total ya mi albedrío, deshaces tu falacia de imposibles, farsante de la hora qué poca cosa entregas: desolación y hastío bajo ensayada máscara. Tendrás que regresar a la nada, cuando eras apenas bella fábula y enigma de algún sueño.