Paisaje con mar

Paisaje con mar

Pardo lecho de arena, playa inerte, plural surtidor de toda raza, cauce donde lo vital fluye y palpita. La luz divide el mundo en hemisferios: separa un duro azul bruñido luz arriba, abajo el otro agita sus líquidos metales. Lentas palmeras en el sopor creciendo, el viento en cada giro las despierta y son penumbra sobre las pieles húmedas.

El sol, sensual hermanfrodita, husmea los cuerpos tan mansos e indolentes, hornea la oscura cosecha entre los muslos, penetra cada pliegue, lento asedio, y los cuerpos se entreabren como frutos.

El mar, ensalmador de sueños y de viajes, va por la playa con la lengua de sus olas, lame un vientre, un labio, un pezón de plácida escarlata, una barba de miel, la fina espada y el sellado pubis de un muchacho.

Múltiple lengua de mar, tibia saliva que deja en largos besos salitrosos lodo continental, residuos cósmicos, itinerante resaca de los barcos, la baba seminal de los mariscos y el llanto liminar de los ahogados.

Los cuerpos, desalojados del ensueño, van hacia el mar, patria de la nostalgia, buscando su raíz de oscura ciencia, cordón umbilical de la inocencia, forma que vuelve al agua, agua que la rescata.