Él

Él

Hay en tu rostro un gesto de embeleso al ajustar tu mano mi corbata; y me encuentro vestido con exceso al ver tu desnudez bajo la bata.

De repente me asaltan intenciones que sacuden la fibra del sentido, y que encajan en las incitaciones que el brillo de tus ojos me ha tendido.

Sin vacilar, toma hoy la iniciativa y traduce en acciones la sonrisa, que tu mano sensual y decisiva me arranque la corbata y la camisa.

Deslízame los dedos sobre el pecho, y extiéndete a la espalda suavemente; mi instinto levantado está al acecho, todo mi voluntad te lo consiente.

Hoy serás tú quien todo lo decida, seré el juguete, y tú serás quien juegue, tendrás autoridad indefinida y no encontrarás nada que te niegue.

Ya el cinturón se siente relajado, y tu contacto excita mi impaciencia, siento el impulso desencadenado, pero a él, no a ti, he de hacerle resistencia.

Es tu oportunidad, es tu momento, será tu desnudez junto a la mía, tus caricias tendrán el ritmo lento de inevitable, espléndida agonía.

Y aunque te exija que me lo aceleres, no escuches mi clamor ni mi quejido, habré de recibir lo que me dieres, cuando, como y en donde hayas querido.

Siento tus manos descendiendo lentas y tú también te inclinas y desciendes, y a mi virilidad la boca enfrentas, y una violencia emocional enciendes.

Ese beso profundo y penetrante, me acerca a ti de singular manera; y aunque no puedo verlo en tu semblante, percibo toda tu pasión entera.

Tus manos en mi piel clavan crispadas las uñas, que de sangre se revisten; flota tu pelo en nuevas oleadas, los labios y la lengua no desisten.

Qué catarata de placer provocas volcándose en caída resonante, tal la furia del mar contra las rocas… Qué maravilla poder ser tu amante.

Y al fin las aguas, blancas de la espuma, tras la caída, avanzan en el río; siento en la mente el sueño de la bruma, y en el cuerpo el postrer escalofrío.

Levántate y abrázame, cariño, yace conmigo en silenciosa calma, manténme en tu regazo como a un niño, y toma posesión de cuerpo y alma.